Clase 7 - Joaquín López
El metodología de enseñanza en la facultad impide la plena autonomía de los egresados en el ámbito profesional.
La competencia, el mal primero, genera temor y amenaza. En ese estado se deja de buscar lo extraño o lo desconocido. En cambio, se buscan las soluciones, lo efectivo.
No hay lugar para lo desconocido, por lo tanto no hay lugar para el error. Se enseñan fórmulas que funcionan. El universo de posibles soluciones se achica cada vez más. Los ejercicios no se cambian, se repiten año a año. Todos buscan parecerse a aquello que ya sucedió.
Las cátedras tienen estilos marcados. Los alumnos lo saben, y buscan replicar ese estilo. El objetivo máximo es llegar al nivel de los trabajos que ya se hicieron en años anteriores. Dicho sea de paso, los plagios se vuelven moneda corriente.
Competencia entre estudiantes por quién llega a la exposición de la cátedra. Competencias entre profesores por quién tiene el mejor trabajo en su comisión (apropiación del trabajo de los alumnos, desdibujamiento de los límites, presión y exigencia desenfrenada). Lucha de egos. Aprendizaje cero.
Las decisiones de un alumno que no coinciden con las del profesor se entienden como fallas, no como propuestas. Lo distinto y lo desconocido se desalienta porque no se sabe cómo tratarlo. Es incómodo.
Se enseña más a obedecer, que a proponer. A seguir instrucciones, más que a transgredir. Transgredir es riesgoso. Es un salto al vacío mientras otros ascienden sin parar. La comparación se vuelve un autoflagelo.
Se propone:
Que la referencia principal sea la propia intuición. Confiar en ella.
Desconfiar ante todo. Primero escuchar (ser permeable), luego cuestionar, luego accionar.
No cumplir con la consigna. Proponer una nueva consigna mejorada.
Buscar lo incómodo. Evitar las soluciones conocidas.
Desentenderse de las selecciones y exposiciones de trabajos exclusivas.

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