Clase 8 - Joaquín López

En la clase 6 trabajamos con problemas detonantes, fue una clase bastante impactante para mí. Tener que enfrentarme a problemas que siento constantemente pero no hago nada al respecto. El hecho de anotarlos en un papel y darles presencia. No postergarlo si no ver que se puede hacer con eso, se vuelve algo resolvible, se achica. Tener que traducir el problema en hechos concretos posibles de hacer lo convierte en algo más encarable.

Hicimos un esfuerzo de darle forma, delimitar, desmenuzar lo más posible el problema. Mediante la redacción del módulo de sentido presentamos la problemática desde distintos ángulos para entenderla en profundidad, conocer sus raíces, conexiones, redes de problemas, y así buscar acciones posibles para impulsar la transformación de la situación que consideramos subjetivamente que no puede seguir así como está.


Personalmente apunté hacia varios problemas de organización que tengo pendientes, de no encontrar el momento de hacer ciertas actividades que me entusiasman, y también de que tengo proyectos autogestivos que no activo porque se me llena la semana de ocupaciones y en parte es porque no les doy lugar a esos proyectos que tengo muchas ganas de hacer y me dí cuenta que entre otras cosas es por temor, timidez, inseguridad de exponerme (un proceso muy personal, no tan material).


Me impactó compartirlo con mis compañeros y encontrarme con que ellos tuvieron vivencias similares, que atravesaron procesos y me podían compartir sus experiencias, me recomendaron formas de encarar esas situaciones. Yo estoy muy acostumbrado a buscar las soluciones solo y saber que los demás me pueden ayudar fué muy enriquecedor.


Me sentí lleno de energía cuando me fuí. Entender que solo depende de mi voluntad de resolver. Serán soluciones parciales, a largo plazo, no inmediatas, pero aunque sea es iniciar procesos de transformación.


En la clase 7 trabajamos con manifiestos. Una forma de denunciar y afirmar (¿Decir y Hacer?). Una expresión de ideas de manera firme y contundente. En la clase trabajamos directamente en grupo, eligiendo una problemática que hubiera surgido la clase anterior y en base a eso pensar la manera de expresarlo en forma de denuncia y plan de acción. 


Fué bastante difícil lograr la actitud tajante que necesita un manifiesto discutiendo entre todos los del grupo, pasó que muy rápido se perdían los límites del problema, se desviaba la idea, se intentaba consensuar todo y a la vez había que descartar elementos, no logramos consenso. 


Cuando nos reunimos de manera virtual para redactar el manifiesto logramos definir mejor la problemática y las soluciones para revertir esa situación. Teníamos un poco mejor masticado el problema y encontramos la manera de seleccionar qué elementos entraban y cuáles no eran tan relevantes.


El hecho de forzarse a redactar a la manera de un manifiesto lo pone a uno en una situación incómoda. Personalmente no me pasa muy seguido esa situación de tener que definir principios con certeza, tener la necesidad de denunciar con indignación una situación (considerar imposible de que siga siendo de la misma manera). Encontrarse redactando un manifiesto de esa manera, lleno de pasiones y convicción, creo que te vuelve más claro y más preciso. Al principio se sentía un poco ridículo, pero de repente estábamos redactando verdades muy contundentes que no nos habían surgido antes con tanta claridad.



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